Viernes, 27 de octubre de 2006
La usura y el ansia de poder son los responsables de las desigualdades.
Dos anuncios, uno detrás de otro, me hicieron pararme a pensar en el mundo que seguimos construyendo día a día, por así decirlo. En el primero me invitaban a apadrinar un niño mientras que en el segundo intentaban lo propio para ayudar al planeta que habitamos. En principio no me parece mal que me lo pidan, pero creo que para resolver esos problemas ya están los Estados. O deberían.
Y es en este punto donde me gustaría que nos parásemos hoy. Buena parte del mundo está mal, muy jodida, pero la otra parte del mundo sigue su viaje imparable hacia delante, hacia no se sabe muy bien dónde, pero hacia un lugar en el que la primera parte del mundo seguirá jodida, igual que siempre. El primer mundo adelante a costa de los demás. Siempre fue así en tanto que el hombre occidental siempre fue el que impuso su ritmo de desarrollo al resto del planeta, para que lo siga el que pueda. Si el planeta está tomando este rumbo es porque los Estados así lo admiten, porque las Naciones Unidas lo admiten y porque, en definitiva, todos lo admitimos. Pero claro, ¿y qué podemos hacer si no lo admitimos? Pues prácticamente nada, hasta donde lo veo yo.
Lo que nos queda es apadrinar a un niño o darnos de alta en una organización ecologista para que con nuestros fondos se palie, en la medida de lo posible, el daño que hemos hecho desde Occidente a tantos y tantos lugares, a tanta y tanta gente. En la utopía queda la propuesta de parar el mundo, literalmente, y viajar a muchos lugares para contribuir a la mejora de las condiciones de vida de seres humanos. Ayudarles con tecnología, con infraestructura, con conocimiento, con todo aquello que permita a las gentes salir a delante de manera madura, con garantías de un futuro prometedor y mejor.
Pero no. Eso no ocurrirá. La codicia, el ansia de poder del hombre occidental hace que no asuma tal reto, que ni se le pase por la cabeza tal vez algo de este estilo. Ese ansia es el que ha hecho que la realidad actual sea esta, la que tenemos hoy por hoy. Cada poco escuchamos que los bancos incrementan sus beneficios, ojo no sus ingresos sino directamente sus beneficios, en más de un 50%. Todo ello con el negocio de las hipotecas y de las transferencias bancarias, buena parte de las cuales se deben a emigrantes que mandan dinero a sus familias en los lugares de origen. Ahí aparece la codicia y la usura de los bancos, como claros fenómenos del planteamiento antiutópico que les comentaba anteriormente. Es sólo un ejemplo, significativo de nada pero indicativo de mucho. Cada cual que lo entienda por donde lo estime conveniente.
A veces pienso qué haría yo. Si tuviese dinero, tal vez montaría un banco. Pero tengo claro que no me movería la usura. Lo haría buscando un medio para vivir, nada más, no un medio para enriquecerme. Porque si alguien se enriquece está claro que es a costa del empobrecimiento o endeudamiento de otro. Si todos tuviésemos la intención de simplemente vivir bien, sin ansia de poder ni de enriquecernos, el mundo funcionaría de otra manera. Hablar por hablar, claro.
Por: Abelardo Gómez Márquez | Paz y concordia | Comentarios (0) | Referencias (0)
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