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Bajo las Estrellas

Viernes, 22 de septiembre de 2006

Ser consciente

 

El tiempo pasa a través de nuestro entorno y lo deteriora, en mucha menor medida que el deterioro de nuestros cuerpos. Hasta mediana edad nuestro cuerpo mejora, llegando un punto a partir del cual padecemos ese deterioro. El problema está en darnos cuenta de que estamos en ese punto. Ser consciente de nuestro estado.

 

Mi padre ronda las seis decenas de años y aparecen los primeros problemas de salud. No ha sido demasiado respetuoso con su cuerpo, trasladando a mi madre toda la carga de mantenerlo sano. Recuerdo de niño cómo mi padre se ponía a dieta para hacerse un análisis, mientras yo pensaba ‘¿Se está engañando él y pretende engañarnos a todos?’. Nunca lo entendí y sigo sin hacerlo. Claro, los análisis salían fetén.

 

Siempre ha sido fumador. Tan sólo cuando mis hermanos y yo éramos muy niños aguantó una buena temporada sin fumar. En un momento dado comenzó a fumar puros, de ahí pasó al tabaco negro y, finalmente, al tabaco rubio. Ahí ha estado, tal vez, unos 20 años fumando día a día la friolera de dos cajetillas de cigarros. Casi nada. Ahora le ha dado un problema en su aparato circulatorio, más o menos serio, y el médico le invitó a dejar el cigarro, si no quería padecer males mayores, tan mayores como perder su propia vida.

 

Mi padre, por sorpresa para mí, fumó aquel día y ya no lo hizo más, al menos delante de mí. Tras eso, fue al médico a arreglarse la dentadura, que la tenía sucia y maltrecha, y se le nota hasta con el carácter cambiado, más sonriente, cercano, ameno y hablador. Es distinto, y ahora no me preocupa sentarme a su lado a hablar con él de lo que sea, da igual de qué: lo importante es que ahora se puede, algo que hasta hace unas pocas semanas era impensable.

 

Ahora, una vez le han hecho las pruebas para saber en qué consiste su lesión, parece que el origen puede estar en una operación a la que fue sometido hace 20 años. Tal vez sea así, pero en cualquier caso sería deseable que los médicos mantuviesen en mi padre la tensión de que fue el cigarro, más que nada para que no vuelva a fumar.

 

Y es que creo que él no es consciente de la edad que tiene. Se encuentra ya en esa etapa de su vida en la que vamos cuesta abajo, en la que nuestro cuerpo no aguanta ya excesivos abusos, menos cuando el abuso ha sido extremadamente excesivo en el pasado. Ahí reside buena parte del problema, en no ser consciente de las propias capacidades. Mi padre viene de una etapa en la que podía con todo y tiende a pensar que siempre será así, pero su cuerpo comienza a advertirle de que no, que no será siempre así y que en algún momento tendrá que cambiar sus formas, sus hábitos, su manera de verse a sí mismo, por el bien de su futuro y del de quienes le rodeamos.

 

El punto de inflexión es discreto, silencioso, socarrón tal vez o traicionero. Lo que está claro es que siempre llega, y en nosotros está la habilidad de ser conscientes de su llegada.

Por: Abelardo Gómez Márquez | General | Comentarios (0) | Referencias (0)

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