Domingo, 20 de agosto de 2006
Sigamos rompiendo el centralismo, pero despacito y con buena letra.
Como la serie en la que participaba el popular actor, aquí les traigo la segunda entrega de este texto. Sigo con la lectura de las obras de Viera y Clavijo, sorprendiéndome por su habilidad en la escritura, por su capacidad de crítica y por su cercanía a Canarias, cuando podría haber sido un intelectual de la época de repercusión europea y europeísta. Viera escogió Canarias porque tenía muy dentro de sí la idea de que debía trabajar por su patria y por sus compatriotas, empleando su misma terminología, como si estuviésemos en pleno siglo XVIII. Muchas son sus obras importantes para los canarios, pero destacan dos: “Noticias de la Historia General de las Islas de Canaria” e “Historia Natural de las Islas Canarias”
Una y otra aparecen bañadas de las ideas de patria y compatriotas, sin esquivarlas en ningún momento, empleándolas con toda la intención. Si exportamos aquellas frases a hoy día, tal cual fueron enunciadas, a uno le tratarían, como les decía, de radical independentista. No, caramba, por suerte las cosas no son tan simples y hay otras muchas maneras de entender España, más allá de la unicidad del centralismo o del fascismo franquista. Entender España como un conjunto de regionalismos, naciones, nacionalidades, países, es algo mucho más natural y próximo a la realidad.
¿Qué pasaba entonces? O, ¿qué pasa ahora que es inconcebible algo similar? Lo que ocurre es que han pasado 200 años de centralismo feroz, en el que se ha pretendido que todo gire en torno a una España homogénea. Este centralismo alcanzó su cota máxima con la dictadura fascista, que lanzó el lema de ‘Una, Grande y Libre’. Casi nada. El gran problema está en que ese régimen injusto por antidemocrático duró tanto tiempo que creó un síndrome de Estocolmo de mucho cuidado, que ya quisiera yo saber qué pasó en Estocolmo, porque podría llamarse perfectamente síndrome del franquista. Aún hoy día puede uno encontrarse a gente que malvivió durante la dictadura, que las pasó canutas, pero que defiende a Franco por encima de todo. Entiendo que tal vez no sea justo relacionar a Franco con el centralismo, porque se asimila en exceso el centralismo con el fascismo (¿o acaso son la misma cosa?).
Tras la dictadura hemos comenzado el proceso inverso, en el que el Gobierno central pierde capacidad de gestión para que ganen las así llamadas Comunidades Autónomas, por parte de la Constitución del 78. Autónomas, nada menos. Y en ese contexto aparecen los Estatutos de Autonomía, como instrumentos que definen, a modo de equilibrio entre la Autonomía y el Estado, la gestión que realiza cada una de las Administraciones Públicas. Eso es un camino natural, perfectamente marcado y establecido en la Constitución. Pero que a nadie se le ocurra decir que Canarias es una patria o que Cataluña es una nación. Eso nunca. Rompemos el centralismo, pero despacito y con buena letra.
Qué mal debe de haber sido el camino recorrido durante los dos últimos siglos, para que consideremos un progreso desandarlo y ponernos en un punto próximo al concepto de España del siglo XVIII (dejemos aparte a los franquistas con el síndrome).
Por: Abelardo Gómez Márquez | Política | Comentarios (0) | Referencias (0)
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