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Bajo las Estrellas

Viernes, 21 de julio de 2006

Regreso al pasado

Rompamos el centralismo, pero despacito y con buena letra.

 

En estos días le he dedicado un cierto tiempo a leer el Diccionario de Historia Natural de las Islas Canarias, escrito por nuestro intelectual de los siglos XVIII y XIX, José Viera y Clavijo. La lectura ha sido muy intensa e interesante, particularmente la relativa al prólogo, donde se describe la vida y obra de Viera. En particular, quiero hacer hincapié en la manera que tenía Viera de referirse al lugar en el que nació, Canarias, como su patria, y a los canarios como sus compatriotas.

 

De entrada, aplicando el prisma de hoy, alguno diría que Viera era un radical independentista. Nada más lejos de la realidad. Viera pasó muchos años viviendo en Madrid en casas de nobles, codeándose con toda la nobleza española del momento. Fue un hombre que viajó mucho por toda Europa, estableciendo contactos con muchos de los grandes científicos de la época. Por otra parte, la obra de Viera pasaba de manera inevitable por las manos de los censores de Madrid, que aceptaban las referencias que Viera hacía sobre su tierra y sus paisanos. No pasaba nada, nadie se llevaba las manos a la cabeza porque un intelectual emplease esos términos al referirse a su tierra.

 

¿Qué pasaba entonces? O, ¿qué pasa ahora que es inconcebible algo similar? Lo que ocurre es que han pasado 200 años de centralismo feroz, en el que se ha pretendido que todo gire en torno a una España homogénea. Este centralismo alcanzó su cota máxima con la dictadura de Franco, que lanzó el lema de ‘Una, Grande y Libre’. Casi nada. Estoy a punto de indigestarme. EL gran problema está en que ese régimen injusto por antidemocrático duró tanto tiempo que creó un síndrome de Estocolmo de mucho cuidado, que ya quisiera yo saber qué pasó en Estocolmo, porque podría llamarse perfectamente síndrome del franquista. Aún hoy día puede uno encontrarse a gente que malvivió durante la dictadura, que las pasó canutas, pero que defiende a Franco por encima de todo. Entiendo que tal vez no sea justo relacionar a Franco con el centralismo, porque se asimila en exceso el centralismo con el fascismo (¿o acaso son la misma cosa?).

 

Tras la dictadura hemos comenzado el proceso inverso, en el que el Gobierno central pierde capacidad de gestión para que ganen las así llamadas Comunidades Autónomas, por parte de la Constitución del 78. Autónomas, nada menos. Y en ese contexto aparecen los Estatutos de Autonomía, como instrumentos que definen, a modo de equilibrio entre la Autonomía y el Estado, la gestión que realiza cada una de las Administraciones Públicas. Eso es un camino natural, perfectamente marcado y establecido en la Constitución. Pero que a nadie se le ocurra decir que Canarias es una patria o que Cataluña es una nación. Eso nunca. Rompemos el centralismo, pero despacito y con buena letra.

 

Qué mal debe de haber sido el camino recorrido durante los dos últimos siglos, para que consideremos un progreso desandarlo y ponernos en un punto próximo al concepto de España del siglo XVIII (dejemos aparte a los franquistas con el síndrome).

 

Por: Abelardo Gómez Márquez | Canarias | Comentarios (0) | Referencias (0)

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