Viernes, 17 de marzo de 2006
Lo que ellos han cobrado es infinitamente superior a la pena que pudiera caerles.
Allá por el verano del pasado año, les hacía partícipes, probablemente por motivos terapéuticos, de mis andanzas con mi novia durante la adquisición de nuestra vivienda. Les contaba, para refrescarles la memoria, que habíamos comprado una casita pero que la promotora y la constructora debían dar algunos retoques; ante la poca confianza que nos daban ambas entidades, decidimos poner ante consumo una reclamación, en la que indicábamos con todo detalle qué aspectos de la vivienda debían ser retocados.
Corría el mes de noviembre cuando la promotora nos llamó para decirnos que debíamos hablar del asunto. Quedamos y a la reunión vino también el propietario de la empresa constructora. En aquella reunión se pretendía que tanto uno como otro conociesen in situ lo que ocurría con la vivienda, buscando procedimiento para reparar lo que estaba sin arreglar. No pasamos de la primera planta, prácticamente. El constructor dijo que aquello “le parecía una pasada”, a lo que nosotros respondimos: “A nosotros también”. Así de claro. Es una pasada que nos hagan pagar tanto dinero por algo que no está bien terminado, por algo a lo que se habían comprometido a arreglar.
El constructor se dio media vuelta y se marchó. A la promotora nuestras reclamaciones le parecían más razonables y nos dijo que ella respondería, de una manera u otra, pero lo haría. Bien, han pasado desde entonces más de cuatro meses y les aseguro que allí no se ha movido absolutamente nada. Hace un par de meses contacté con el encargado de las obras y me dijo que quedábamos al día siguiente, para él ver sobre el terreno las obras que debían de acometer; además, afirmó que eso lo hacía para que viésemos lo serios que eran. Como se imaginarán, al día siguiente no nos vimos, llamé por teléfono al encargado varias veces y no hubo manera. Ya ven lo serio que son, por emplear los términos que ellos metieron en el juego.
Ahora pocas opciones nos quedan. Y agradables ninguna. Tenemos que acudir a una junta de arbitraje o poner una demanda de conciliación, más o menos, seguro que no soy muy preciso porque el mundo jurídico se me escapa. Ya ven, sea cual sea el camino, esto tiene pinta únicamente de enredarse más. Y de seguir con la casa sin arreglar (no la puedo arreglar a no ser que venga un notario y certifique que lo que quiero arreglar efectivamente esta roto previamente).
¿Qué harían ustedes? Nosotros vamos a seguir hacia delante, pero es un camino que nos desagrada. Nosotros solamente queríamos comprar nuestra vivienda para vivir juntos y punto, sin tener problemas con nadie. Pero no va a ser posible. Ahí estamos, de reojo, esperando a ver si nos llama alguien, de la promotora o de la constructora, a ver si alguno de los que tanto dinero se llevaron se le cae la cara de vergüenza y responde, asume sus responsabilidades y hace lo que debe de hacer.
Pero no, diría que les da igual que les pongan una reclamación. Lo que ellos han cobrado es infinitamente superior a la pena que pudiera caerles.
Por: Abelardo Gómez Márquez | General | Comentarios (0) | Referencias (0)
Este lugar pretende ser un punto de libre reflexión y opinión, donde cabe expresarse sobre cualquier tema que tenga lugar bajo las estrellas.
Periódicos digitales canarios: