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Bajo las Estrellas

Viernes, 17 de febrero de 2006

Paz

El problema vasco no puede enunciarse en términos de vencedores y vencidos.

En estos días se habla del posible cese de la actividad armada por parte de la banda terrorista ETA. Como viene siendo habitual a lo largo de la presente Legislatura, el PP ha utilizado este tema para desgastar al Gobierno, llegando Mariano Rajoy a decir sandeces tales como pedir que el Presidente del Gobierno nos diga a todos los españoles qué se está haciendo en la lucha contra el terrorismo, como si este no fuese un tema de la máxima delicadeza como para ser tratado con total discreción.

El PP entiende que del final de ETA se puede extraer un jugoso bocado electoralista, por lo que ha emprendido una campaña para que no haya manera de que ese final se produzca con el actual Gobierno y que el PSOE no se apunte ese tanto. El problema es que es una visión excesivamente simplista y poco respetuosa con las víctimas pasadas, presentes y, tal vez, futuras. Pero nada, allá cada cual.

El otro asunto del que se ha hablado con respecto a este mismo tema es si debe haber vencedores y vencidos. Qué duro tener que expresar el asunto en estos términos. Se me antoja que cuanto más se pretenda establecer unos vencedores y unos vencidos, más difícil e inestable será la paz conseguida.

En España hubo otro tiempo en el que se tuvo que dejar de hablar de vencedores y vencidos para que la paz prosperara. Fue durante la Transición hacia la democracia. En aquellos tiempos tuvieron que sentarse juntos en la misma mesa, codo con codo, los que apoyaron al dictador al lado de los que se opusieron a su régimen, encontrando estampas singulares como a Fraga al lado de Carrillo. Y a partir de ese hecho, de asumir ese estado en el que unos y otros deben convivir en paz, surgieron poco a poco la paz y la democracia. Insisto, sin vencedores y vencidos. La Ley del Punto Final, por otra parte, fue injusta con las víctimas, con los vencidos, y dejó en libertad a muchos militares que cometieron crímenes y tratos vejatorios durante la dictadura de Franco, los vencedores. El problema no se enunció en tales términos, afortunadamente, y se consiguió, insisto, la paz.

Me temo que en el problema vasco el asunto debe resolverse de la misma manera, evitando a toda costa que se enuncie en términos de vencedores y vencidos. Ese camino no lleva a la paz tal y como todos la deseamos, sino a un estado de calma tensa que puede seguir ahogando tanto como el actual. Es cierto que es un camino que no será justo con las víctimas del pasado, pero es respetuoso con las del futuro, en tanto que impedirá que se produzcan.

Es cierto que para que haya una paz verdaderamente estable y duradera debe haber, asimismo, justicia. Pero en este caso, cuando ha habido innumerables víctimas, muchas de ellas mortales, todo se vuelve gris y hay que escoger un camino que disguste por igual a todos.

Por: Abelardo Gómez Márquez | Paz y concordia | Comentarios (0) | Referencias (0)

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