Viernes, 10 de febrero de 2006
Tan sólo quiero apagar la tele, pero no puedo.
Desde hace ya algunos años, quizá principios de los 80, se popularizaron las telenovelas de manera realmente llamativa, siendo de los primeros espacios televisivos en los que recuerdo que se daban cifras de audiencia que eran, además, millonarias. Este auge siguió hasta mediados de los noventa, momento en el que parece perdió algo de gancho hasta el momento actual, que han vuelto a resurgir como fenómeno mediático actualizado.
El mundo de la política se nos presenta como una telenovela particular, donde hay buenos, malos, romances, corruptelas y todo lo necesario para tener una buena audiencia. En este caso, la visión que tiene la audiencia es muy diferente en función de la ideología de cada cual, destacando unos como malos a los que son buenos para los otros y viceversa, más o menos. Las corruptelas también son visibles para unos en la medida en que son invisibles para los otros, nuevamente en función de las afinidades políticas. En los romances tenemos a los diferentes pactos que se configuran por toda la geografía, siendo de lo más variopinto en tanto que lo que en un lugar determinado es impensable, en otro puede ser perfectamente viable; por otra parte, estos romances no quedan exentos de traiciones, en las que lo que en un momento dado era la octava maravilla del mundo, poco más tarde se torna en el infierno más insoportable.
El medio por el que nos llega toda la telenovela es el conjunto de medios de comunicación: televisión, radio y prensa en sus dos versiones actuales, impresa y digital. Cada cual escoge el medio que le interesa, en función del cual encuentra a los malos y a los buenos tal cual quiere encontrarlos: es lo que podríamos llamar telenovela a la carta. En esa telenovela los actores dicen y hacen lo que creen oportuno y ya los medios se encargan de sacar aquello que está más próximo a lo que su audiencia espera encontrar. Es, también, una especia de Gran Hermano, por qué no decirlo. Y cada cuatro años decimos quién nos ha parecido el malo maloso y quién nos pareció el más buenecito y encantador de todos.
El problema que veo en todo esto que les cuento, que no pretende ser más que una historia simpática, es que en este caso se trata de la vida real y tratan historias que nos afectan en mayor o menor medida, pero que al fin y al cabo no dejan de ser parte de nuestra vida. Y el problema mayor es que los políticos se comportan como actores en busca de la mejor imagen con la que seguir pareciendo el más buenecito y encantador de la serie mediática, dejando al contrincante todo lo más próximo posible de ser el malo maloso. Y mientras, la Sanidad hecha unos zorros, la Educación no hay por dónde cogerla, el paro en Canarias por las nubes, el transporte intrainsular penoso, etc. Y las corruptelas van saltando, en estas últimas semanas de manera especialmente agitada, con los casos en los que se han visto envueltos el Presidente de la Audiencia Provincial de Las Palmas o el caso del concurso eólico en el que están envueltos altos cargos de la época del Partido Popular en el Gobierno de Canarias.
Después de esto, tan sólo me quedan ganas de apagar la tele... pero no puedo.
Por: Abelardo Gómez Márquez | Política | Comentarios (0) | Referencias (0)
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