Viernes, 13 de enero de 2006
Las declaraciones de Mena Aguado nos retrotraen a tiempos de incertidumbre por las iniciativas golpistas de las Fuerzas Armadas.
Contribuiré con este texto al lío montado por las declaraciones del Teniente General Mena Aguado. Hace unos pocos meses, mi padre, maestro de profesión, me advirtió de que en España se estaba gestando un Golpe de Estado. Según él, la actitud de las facciones más rancias y estridentes de la derecha española ante las reformas emprendidas por el actual Gobierno estaba alentando a las fuerzas militares en contra de este Gobierno. Yo le replicaba que no, que eso no podía ser, que España ya se ha avanzado demasiado hacia delante, hacia el progreso y hacia la estabilidad democrática como para llegar otra vez a estados en los que la democracia brilló por su ausencia.
Debo decir que mi padre roza los sesenta y yo los treinta, por lo que él vivió parte de la dictadura y toda la transición así como lo que llevamos de democracia, mientras que yo sólo soy consciente de la etapa democrática. Y, por supuesto, cada uno habla en función de la experiencia vital que ha tenido así como en función de lo que la historia le ha enseñado. Pero lo cierto es que lo que me ha enseñado la historia no ha sido suficiente para acortar las diferencias de opinión entre mi padre y yo.
Desafortunadamente, el Teniente General Mena Aguado ha dado la razón a mi padre o, en el mejor de los casos, se ha quedado a mitad de camino entre los dos. Lo cierto es que ha habido una reacción militar ante la actualidad política española, y eso me resulta preocupante. Hasta aquí, creo que puedo estar de acuerdo con cualquiera que lea este texto. A partir de aquí aparecerán, con seguridad, las divergencias.
Divergencias porque yo no creo que esas declaraciones tengan razón de ser. No sólo porque según el reglamento interno de las Fuerzas Armadas los militares no pueden entrar en discusiones políticas, precisamente para evitar situaciones como las actuales, sino porque en ningún caso es justificable la imposición de un modelo de estado a la fuerza, sino desde la negociación de todas las partes que deseen intervenir. Y aquí entramos en materia. El Parlament de Cataluña propone un Estatut de Autonomía que regula las relaciones con el resto del Estado español, respaldado por el 90% de los diputados de aquella comunidad. De momento, no se ha impuesto nada, sino que se ha propuesto. El Parlamento del Estado Español decide aprobar a trámite esta propuesta, aprobación que secundan todos los grupos parlamentarios salvo el PP. Sigue sin imponerse nada a nadie. Y ahora se negocia entre todas las partes implicadas para que la propuesta catalana se acerque a la propuesta del resto del Estado, representado por su Gobierno democrático. Sigue sin imponerse nada. Resumiendo, propuestas de un lado, propuestas de otro y se llegará a un resultado que aún, le pese a quien le pese, no tenemos sobre la mesa y sobre el que no podemos decir gran cosa.
Eso es normalidad democrática. Sería deseable que el PP estuviese en esto, pero se ha desmarcado como partido a nivel estatal.
Sólo para concluir, mi padre dice que esto no ha acabado con el cese de Mena Aguado. Habrá más, y me encantaría poder contarlo desde la libertad de expresión que nos otorga la democracia.
Por: Abelardo Gómez Márquez | Paz y concordia | Comentarios (0) | Referencias (0)
Este lugar pretende ser un punto de libre reflexión y opinión, donde cabe expresarse sobre cualquier tema que tenga lugar bajo las estrellas.
Periódicos digitales canarios: