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Bajo las Estrellas

Viernes, 30 de septiembre de 2005

Transición hacia la democracia

Aún quedan instituciones que no han comenzado o no han completado la transición hacia la democracia.

Periodo difícil y delicado fue el que pasó España desde la dictadura hacia la democracia. Se trataba de ceder el poder, hasta entonces en manos de unos pocos militares, hacia toda la sociedad, de manera que fuese ésta la poseedora y gestora del poder que siempre debió pertenecerle. Un cambio de este estilo genera recelos, evidentemente, porque en ocasiones es difícil aceptar que te quiten lo que te ha pertenecido “de siempre”, y el riesgo de golpe de estado era casi constante a finales de los 70 y principios de los 80, con intentona golpista de por medio. Afortunadamente, nada de aquello prosperó y hoy tenemos una democracia que funciona razonablemente bien. Hay mejoras que hacer, pero digamos que el asunto funciona.

Sin embargo, aún quedan instituciones que no han comenzado o no han completado esta transición hacia la democracia. No me refiero al teleclub de la esquina, ni tampoco a la asociación de vecinos más próxima, lugares donde en ocasiones no hay transparencia en la gestión y donde se cuenta con los vecinos más bien poco. No, esos son aspectos menores. Las instituciones a las que me refiero son, poniendo dos casos muy dispares, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y el Partido Popular (PP).

No pertenezco a ninguna de ellas, así que si no quieren leer algo de alguien que no sabe del todo bien lo que dice, pueden dejarlo aquí. Pero si siguen, allá ustedes. El CSIC tiene una serie de centros dispersos por toda la geografía española, y es con seguridad la institución que más investigación científica y tecnológica hace en España. Sin embargo, estos centros no tienen autonomía ni democracia interna, sino que en su gestión depende mucho lo que dicen en la central de Madrid. Pongamos por caso que en un determinado centro se hace una votación para elegir a su director; pues bien, esa votación es únicamente orientativa, teniendo la Dirección en Madrid la capacidad para no aceptar lo que democrática y legalmente se ha decidido en el centro en cuestión. Eso, a mi juicio, evidencia una falta de democracia en la institución que bien debería acabarse, tras una transición hacia la democracia, cediendo autonomía a los centros que componen el CSIC.

El segundo caso no es menos importante, tratándose del segundo partido en importancia de España y siendo un partido que ya ha tenido ocasión de gobernar en este país. Inexplicablemente, es una institución que carece de la democracia interna propia de un país democrático. Su Presidente lo elige el Presidente anterior, tal y como ocurrió con Fraga y el fallido Hernández Mancha y posteriormente desde Fraga hacia Aznar, así como ocurrió hace unos dos años desde Aznar hacia Rajoy. En este caso, dedocracia aplastante, que se dice. El resto del partido se limitó a decir, “Vale”, negándosele la posibilidad de tener dos candidatos, ver qué pretende cada uno de ellos y votar a ambos, saliendo Presidente el que más votos a favor consiga. Eso, tan sencillo, se le sustrae el militante del PP que quiere contribuir a decidir quién es su candidato a Presidente del partido y, por otra parte, evidencia una necesidad de hacer una transición hacia la democracia en el PP.

Por: Abelardo Gómez Márquez | Política | Comentarios (0) | Referencias (0)

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