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Bajo las Estrellas

Martes, 25 de enero de 2005

Cada uno a lo suyo

Me encanta esta frase de “cada uno a lo suyo”, debo admitirlo. Recuerdo una anécdota que contaba un amigo, en la que un padre de familia se “riscó” con su diminuto vehículo de licencia, mientras intentaba aparcarlo al lado de un cañaveral próximo a su casa. Avergonzado ante la mirada atónita de sus hijos, quienes no alcanzaban a entender lo sucedido, el padre les indicó: “Cada uno a lo suyo, que aquí no ha pasado nada”.

En realidad, el sentido que le quiero dar a esta frase es bastante más riguroso que el anterior, pero no podía dejar de mencionar la anécdota por lo graciosa que me resulta. Decía que es más riguroso, porque en los últimos tiempos he recibido varias afirmaciones que me conducen a decir, alto y claro, que cada uno debe estar en lo suyo, para que las cosas funcionen adecuadamente.

Una de esas afirmaciones la realizaba un médico, y venía a decir que el nivel de incultura o analfabetismo en Canarias es mayor que en otras regiones del Estado. Independientemente de que esto sea cierto o no, lo afirma un médico. Y un médico no es un sociólogo, sino simplemente una persona que debe dedicarse a curar enfermedades, básicamente. Dado que no es un sociólogo, debe quedar claro que lo que un médico dice no tiene ninguna validez, o no tiene más que la que le daríamos a lo que dice un carpintero sobre el mismo tema, con todo el respeto para los carpinteros, faltaría más. El problema viene de que los médicos son gente que antiguamente disfrutaba de un nivel cultural muy superior al de las personas que asistían a su consulta, de manera que el médico era visto como un sabio. Y, quizá, esto siga siendo así, por lo que a lo que dice un médico se le da más trascendencia de la que realmente tiene.

El otro tema, relacionado con esta misma idea, viene relacionado con el famoso libro “El código Da Vinci”. En este libro se hacen afirmaciones categóricas en las que el Opus Dei queda bastante mal parado, además de que se plantea una historia de la vida de Cristo alternativa a la que propone la Iglesia. Y el problema aparece cuando la gente da a estas afirmaciones rango de “verdaderas”, cuando no son más que afirmaciones realizadas por un novelista, que no es, y en realidad no tiene por qué ser, objetivo en lo que cuenta. El novelista escribe historias para entretener, no para enseñar. Dicho de otra manera, puede enseñar, pero no es para lo que escribe. Si alguien quiere saber qué hay de controvertido en lo que cuenta la Iglesia sobre la historia de Cristo, que acuda a lo dicho por historiadores, los cuales analizan la información objetivamente y la presentan sin ninguna intención.

Resumiendo, no tengo nada en contra de médicos o novelistas, ni tampoco a favor de sociólogos o historiadores, pero sí creo que debemos ser críticos ante los emisores de la información que nos llega, para estar seguros de que es información con todas las garantías y puede dársele rango de objetiva y veraz.

Por: Abelardo Gómez Márquez | Educación | Comentarios (0) | Referencias (0)

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