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Bajo las Estrellas

Martes, 17 de agosto de 2004

Aprovechando para leer

Si para algo es bueno el verano, además de para recibir el bienvenido descanso, es para la lectura. Mi pareja y yo andamos entregados a las biografías de personajes tan dispares, en principio, como Juan XXIII, Ernesto Che Guevara o Martin Luther King. La década de los sesenta fue testigo de sus apogeos y de sus tristes desapariciones en circunstancias considerablemente oscuras.

Los tres personajes fueron tremendamente revolucionarios, pacíficamente o por medio de las armas, pero desde luego queda claro que marcaron un punto de inflexión en la sociedad mundial. Desconozco si alguno se topó en su camino con uno de los otros dos, pero seguramente habrían podido mantener una conversación única, como correspondería a tales individuos.

Hoy día los echo en falta. Falta una iglesia realmente progresista, como sí fue Cristo, capaz de anteponer los intereses de los creyentes a los propios, que se adapte a la sociedad que va muy por delante de ella y, lo que es peor, a mayor velocidad. Es necesario que alguien remueva las conciencias, pero que la paz sea la que impere ante el desencuentro, para sobrepasar las injusticias. Y es necesario el arrojo valeroso para salir a la calle a gritar y a reclamar en masa lo que merece la sociedad actual. Eso sí, en una acción a escala global, en la que no quede el planeta dividido, una vez más, en lugares de primera, segunda, tercera, ...

Siendo realistas, la sociedad actual no va a cambiar. Seguiremos los patrones sutilmente marcados por el todopoderoso yanki, al cual sigue sin importarle nada de lo escrito anteriormente. Por algún motivo, continúan anclados en la misma filosofía de los años sesenta, quizá porque eso fue lo que les convirtió en todopoderosos. Pero, afortunadamente, hay mundo más allá de los USAs y éste sí puede y debe, podemos y debemos, tomar la lección impartida por los grandes de los sesenta, setenta, cincuenta o cuando fuere, para construir una sociedad en la que uno no se sienta continuamente envuelto por la desigualdad o la injusticia.

Siguen siendo sueños de aquella noche y, sin querer resolver el problema de mi vida todo de una vez, debemos seguir hasta la victoria siempre.

Por: Abelardo Gómez Márquez | Paz y concordia | Comentarios (0) | Referencias (0)

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